Relatos y Alegrias Personales

Luchando contra lo escrito

Noviembre 20, 2008

Por mas que trato de hacer memoria no recuerdo bien el instante y el motivo (a veces quisiera olvidarlo o tal vez me autoconvencí que esta olvidado), pero una cosa era segura no había ni una mísera pizca de ego metido en esto, no me importaba si alguien me leía y menos si me comentaba, solo quería escribir.

Siempre me gusto escribir, aunque nunca fui de las que llevaban algún diario de vida (por alguna extraña razón siempre los odie, no se si las horribles paginas blancas o el inservible candadito o los ridículos romanticones animalitos de la portada, guacala!) y la infructuosa empresa de querer llenar una agenda tal como hacía mi prima,- con cuanta servilleta, papelito, palito, portavasos y un sin fin de cachivaches pegados en cada pagina y con la historia del respectivo día- resulto en un total fracaso con toda la parafernalia pegada en mi pelo o repartida por cualquier parte, odisea que empezó un 1 de enero y termino a mas tardar el 2 del mismo mes.

Me gusta escribir, pero jamás he esperado algún reconocimiento, a pesar del engrandecimiento del ego que se provoca al saber que eres leída y mas aun cuando eres bien comentada, pero nada mas.

Toda esta reflexión se debe a que hace unos pocos días recibí un misterioso comentario en mi abandonado blog, el comentario con nombre femenino que me incitaba a escribirle, como obviamente soy fémina, le escribí y todo el misterio me cayo por sorpresa al enterarme que era una chica que trabajaba en una editorial española a la que le había gustado mi blog y me proponía publicar.

Entre en pánico, lo reconozco, esto es algo que jamás me hubiese imaginado, y me halaga de sobremanera que de todos los blog’s me eligiera a mi (porque sin desmerecerme hay muchos mejores que yo), que llegara a mi blog abandonado quizás como y mas encima se diera el trabajo de leerlo.

Y ahora, heme aquí, con el propósito de escribir un relato de 30 páginas como mínimo y con el tiempo necesario (supuestamente) para hacerlo, - “tomate tu tiempo”, me dijo -, con un nudito en la guata de emoción y susto e intentando sentarme frente al teclado para hilar algo coherente sin que venga a mi mente un enloquecido Jack Nicholson en la Kubrickiana escena de “El Resplandor” escribiendo por días sin parar miles de páginas con la misma frase “No por mucho madrugar amanece mas temprano”.

Tal vez exagero mas de lo que debiera, pero la sorpresa aun me tiene pendida de un hilo.

Santiago huele a ti

Septiembre 22, 2008

Se me hizo muy difícil echarte de menos, mas aun cuando se me ocurre extrañarte en el mismo lugar, en este Santiago ajeno y que para colmo de males en estos días sin ti descubrí ni mas menos que Santiago huele a ti.

Las mañanas huelen a desayuno en tu cama y en los rinconcitos olvidados de esta enorme ciudad está tu sonrisa, porque hemos redescubierto este lugar de la mano, con tus dedos entre los míos, con tu mirada fijándose en mis ojos y sentir al mismo tiempo que no somos parte de aquí.

Santiago huele a aventuradas excursiones en extrañas ferias, a almuerzos en los mercados, a compras impulsivas de innumerables dulces de colores al costado de la vega, a lugares diferentes (siempre de tu mano), a domingos flojeados en tu cama, a madrugados despertares, a trasnochadas conversadas (y también en las que no hemos dicho muchas palabras pero entregando mucho), huele a comida recién hecha, huele a paseos en micro, a tardes esperándote, a miles de te quiero dormidos (que adoro como el primero cada vez que escucho uno), a tus dedos apartando algún mechón sobre mi cara.

Santiago huele a risas, a tu risa sincera por algún comentario mío a mi risa de tus chistes (que no son todos fomes), huele a silencios, huele a tu voz.

Extrañamente Santiago comenzó a oler a ti, no se muy bien como pasó, pero cada instante huele a ti… y aunque extrañarte es mas difícil de lo que pensaba el reencontrarte es mas placentero de lo que imaginé.

Te quiero mucho y si, soy muy feliz…

El vuelo

Agosto 21, 2008

-¿Mamá?- me dice la abejita mirándome con su carita de culpa, ¿Qué pasó?- pregunto yo, pensando que me quería pedir permiso para algo. –Tengo que contarte algo, pero prométeme, prométeme que no te vas a enojar- . Que lesera hizo ahora, pienso mientras ella busca las palabras adecuadas y yo ya imaginando una nueva citación al colegio.

-Estoy pololeando, pero no te enojes-, mientras intento procesar esas palabritas y la miro con incredulidad, siento un nudo alojado en el pecho que se retuerce y me hace doler el corazón, mi abejita está pololeando y luego de reaccionar y de hacer las automatizadas preguntas de rigor ¿Quién es?, ¿Cómo se llama?, ¿hace cuanto tiempo? Y de escuchar algunas cosas que me calman, como saber que el niño es de su edad, solo logro balbucear un “no te preocupes abejita, no me voy a enojar”.

Ella cambia el tema como es su costumbre y en mi cabeza se entremezclan mil sentimientos, se bien que es el primero pero desde aquí vendrán muchos mas, mi abejita esta empezando a desempolvar sus alitas y se esta atreviendo a hacer vuelos lejos a mi (aunque creo que aun pende un hilito de una de sus patitas para recogerlo cuando crea necesario), me pregunto cuanto podrán influenciar mis fracasos amorosos, mis sufrimientos (siempre intentando ocultarlos muy bien de ella pero mas de alguna vez puede haberlos percibido), se me parte el alma al imaginar sus primeras lagrimitas por alguna desilusión.

La abejita se está separando de mi, está empezando a vivir su vida y a pesar de haberlo sabido siempre, me duele mucho, me duele su independencia, me duelen sus primeros vuelos.

Aquí estoy, tragándome la angustia, convenciéndome de que todo está bien, repitiéndome a cada rato que no debo involucrarme en esto e intentando disimular mi sentir.

Siempre supe que este día iba a llegar y a pesar de que aun es una niña (mi niña) siento que este primer pasito simboliza lo evidente: mi abejita es un ser independiente a mi y debo aceptarlo aunque me cueste…

Te llamarás Amanda

Julio 30, 2008

Ayer mientras viajaba en una micro de vuelta del trabajo y recordaba la conversación con un antiguo conocido al mismo tiempo que miraba Santiago atardecer vinieron a mi un enjambre de olvidos que consiguieron desempolvar un recuerdo, un recuerdo pequeñito que logre plasmar en letras durante los nueve meses que mi abejita decidió vivir dentro de mi:

17 de agosto de 1995

Odio los funerales, a pesar del gran cambio que este nos trajo, gracias a esta muerte fulminante he vuelto a ver tíos que creía olvidados y primos que no sabía que existían. He vuelto a ver a mi abuela, he visto a mi padre dejar atrás los rencores y abrazarse con quienes jamás debió dejar de hacerlo, cuando lo conozcas se habrá convertido en una mejor persona, en un hombre con hermanos que lo hará mejor.
No lograste conocer a mi abuelo, al abuelo Gustavo, a sus ojos calipsos y su pelo colorin, al viejito con cara de “viejito pascuero”, al abuelo que era capaz de dejar todo por llevar un paquete de galletas y sacar una sonrisa a sus nietos a escondidas.

Mientras pasa la calidez de esta tarde de agosto pienso en lo que deje de vivir con mi abuelo, en lo que no disfruté y lo que te perdiste, siento la soledad como nunca en esta ciudad que no es nuestra, en esas caras que no reconozco y solo te tengo a ti, quiero volver a San Fernando, quiero que esa sea tu ciudad, quiero que seas feliz.

Recién volvemos del doctor y otra vez me has obligado a comprar naranjitas bañadas en chocolate, otra vez me has hecho perder casi media hora frente al negocio de bicicletas sintiendo el olor a goma nueva, me carga esa manía, hasta el guatero rompí por la necesidad de sentir el sabor a goma, haces cada cosa rara conmigo, como cuando vacié el frasco de pickles y todo por tu culpa.
Vengo de vuelta del doctor, con una mezcla de pena-alegría en el alma y con mi cobardía de no querer saber.

Te llamarás Amanda, acabo de decidirlo mientras en mi cabeza retumban los acordes de Víctor Jara y su “Te recuerdo Amanda” y una lagrima amenaza con asomarse y lucho con mi inmadurez, te llamarás Amanda y sin saber si eres niña te comienzo a llamar por tu nombre.

Apenas menos de un mes falta para que comiences a vivir tu vida, separada de mi, para que estos meses de absoluto apego desaparezcan sin mas y tengo miedo, tengo mucho miedo pero tu madre es terca como una mula y jamás lo reconocerá (ni siquiera lo digo en voz alta para que no lo escuches), tengo miedo pequeña cosita, estoy solita y las hormonas me juegan muy malas pasadas.

Tú serás mi Amanda y a pesar de no ser la mejor mamá te puedo asegurar que mi amor siempre te va a sobrar

(Extracto de: “Cartas a mi abejita” escrito entre Diciembre de 1994 y Septiembre de 1995)

Conciencia

Julio 22, 2008

Decidí concientemente intentar conquistarte, a pesar de los múltiples errores cometidos anteriormente y sin mas armas que un ajado corazón, mucha paciencia y las ganas infinitas de hacerte feliz.
No hubo grandes planes ni estrategias, solo el avanzar día a día tomando terrenos de tu corazón.
A veces tenía que atrincherarme y esperar, a veces avanzaba a pasos agigantados clavando mis banderas en el avance.

Mi objetivo era hacerte feliz, que te sintieras descansado en mi, que sintieras que no estabas solito y no necesitaba ninguna explicación o condición para quererte.

Pero no tome en cuenta que en cada avance dejaba un trocito de mi corazón en el tuyo y de pronto me sorprendí amándote como nunca, aprendí a quererte por completo, no me enamoré de ti cuando estas feliz o cuando no tienes problemas, me enamoré de ti por completo.

Siempre he sostenido que el amor verdadero es un amor conciente, es una elección personal que se hace en base a los pro y los contra reales. Lamentablemente (o tal vez favorablemente) mi formación es extremadamente racional, escéptica hasta decir basta no me encandilo con promesas comprometedoras ni baso mi amor en sentimientos camuflados como solidaridad, compasión o porque simplemente es políticamente correcto.
Mi amor no tiene fuegos artificiales ni suspiros nocturnos, mi amor no pone condiciones al otro, mi amor es mío y no se basa en la imagen de nadie.

Aprendí a amar de verdad y aprendí a amarte tal cual eres… y aquí estoy, con mi corazón en la mano dándote mi apoyo no por compromiso, si no por elección. Con ganas, muchas ganas de seguir aliviando tus días, sacarte una sonrisa de vez en cuando e intentando hacerte feliz para ser feliz.

Te amo.
(in short version)

Con napoleones y diablitos

Junio 6, 2008

Cuando llegué a Santiago, hace 2 años y medio, lo primero que hice fue comprar una tarjeta multivía, como si con eso podría conseguir un cupo en esta ciudad a la que tanto temía, como una especie de pase que me hiciera parte de todo esto. Algo que pudiera atenuar el miedo que Santiago me provocaba, algo que me hiciera “parte de” algo a que agarrarme cuando no quería estar acá, algo que me hiciera volver cuando huía.

Obviamente, la tarjeta estuvo apenas unos meses junto a mi (un real problema de retención de objetos me hizo olvidarla en algún lugar), pero fue mi primera sensación de pertenencia a este lugar.

Santiago me daba miedo, de todas las partes en las que he vivido, Santiago era el único, que como buena provinciana, del que renegaba. El alarmismo exagerado de mi padre -que no se hizo evidente ni siquiera cuando partí sola sin mas que mis conocimientos a terminar mis estudios a tierras lejanas o cuando a los apenas 17 años me mande cambiar al sur a estudiar por no querer venir a Santiago- junto con las noticias diarias (que al verlas pareciese que Santiago se desmorona de a poco y en cualquier momento cae sobre nuestras cabezas, je), me aterraban.
Pero, como siempre he sido, no mostré ni una gota de miedo, simplemente me vine, con el corazón desgarrado y sin saber mucho que hacía.

Llegué sin saber andar en micros, donde mi autonomía de vuelo estaba ligada al metro y mi micromundo se limitaba a las 25 cuadras de separación entre mi casa y mi trabajo, la gente no sonreía, no saludaba y ni siquiera miraba fijamente a los ojos, los puntos cardinales se revolvían entre ellos (no había rosa de los vientos ni brújula que pudiese contra esa desorientación máxima), “mira la cordillera”, me decían, pero la cordillera nunca estaba en el lugar correcto y en medio de edificios era lo que menos se veía. No sabía llegar a un lugar determinado, las cosas simplemente se aparecían ante mi, y nunca deje de mostrar mi asombro al toparme con la plaza de armas o con algún edificio determinado que cuando quería volver a el caprichosamente se enredaba entre las calles y no aparecía hasta que quería hacerlo.

Cada viernes, sagradamente arrancaba despavorida de acá, a refugiarme en lo conocido, junto a mis padres y los lunes en la mañana muy temprano volvía con el corazón en la mano, contando los días que debía dormir en Santiago.

Pero no me rendí, al par de meses viviendo acá decidí abrirle el corazón a este gigante que se veía tan malo, no tenia ninguna intención de ser “uno mas” y volverme hostil, estresada y pesimista, tampoco pretendía seguir lamentándome de lo malo que era santiago y de lo individualista de su gente, no señor, yo iba a lograr quererlo, aunque tuviese que abrir su corazón a punta de napoleones y diablitos, Santiago me iba a querer.

Y así empecé, a sonreír en el metro, a conversar con el pasajero de al lado (que aún me da risa la desconfianza con la que me miran), a saludar a toda la gente, a confiar en todos. A aventurarme por calles desconocidas, a confiar en el chofer de las micros y subirme en ellas para dar una vuelta y conocer.

2 años y medio y he aprendido a querer a este monstruito y viceversa, y aunque a veces tengo miedo, de todas formas me paseo por calles desconocidas con total naturalidad a cualquier hora, me río de lo catastrófico de las noticias, que, entre lluvias y transantiagos pareciese que el mundo se va a acabar.

Me gusta Santiago y no es por lo típico que dice todo provinciano no adaptado: “por la gran gama de actividad cultural”, puaj! No, a mi me gusta porque he logrado crear mi mundo acá sin tener que cambiar ni un solo ápice de mi ser, me gusta porque es el lugar que yo elegí y he aprendido a querer, me gusta porque soy feliz.

Hace unos días, justo en el momento previo a la lluvia, entre el trafico, el gris y el ruido de las construcciones (de esta ciudad que nunca esta terminada), Santiago me regaló una lluvia de hojitas amarillas, parecía como si de repente el mundo se detuviera y por algunos segundos solo la luz atravesaba las hojitas que dejaban ver la desnudez del árbol que las tenía puestas…¿Cómo no voy a querer esta ciudad?

La alegría de ser mamá

Mayo 9, 2008

(mi abejita y su primera mascota)
Hace exactos 12 años y 8 meses, un día 9 de septiembre faltando 10 minutos para las 10 de la noche, me convertí en mamá.
Fue un día primaveral, recuerdo paso a paso todo lo que hice ese día y extrañamente con el tiempo el recuerdo sigue intacto, recuerdo el miedo, la ansiedad y las ganas de conocer a esa cosita que pateaba desde dentro.

Nunca voy a olvidar cuando me entregaron ese pequeño bultito de escasos 48 cm., 3 kilos 140 gramos de peso, con su pelito color miel, una nariz pequeñísima y los ojos mas grandes y negros que había visto en mi vida. La abejita no lloraba, hacía un ruido calladito cada vez que algo le molestaba, era blanca, tan blanca que se veían las venitas en sus párpados, tenía los deditos flacos y largos y sus ojitos, que manera de sentir fascinación por esos ojitos.
Ella tenía una pulserita en su mano derecha, de color rosado y en el que decía “hija de …” precedida de mi nombre, largo rato mire lo que estaba escrito y me sentía en la cima del mundo al saber que esa cosita preciosa era mi hija, mi abejita, lo que mas quiero en este mundo.
Mientras la miraba no podía entender de donde puede salir tanto, tanto amor y si bien la quería desde antes de conocerla fue ese día en el que conocí el objeto (y objetivo) de mi amor fue cuando lo sentí con mas fuerza e increíblemente con los años ese amor solo aumenta.

No hay minuto del día en que ella no este en mi pensamiento, consciente a concho de que nunca me ha pertenecido ella es parte de mi vida y me enseñó a amar sin ninguna condición.
Mi abejita es luz y alegría, recuerdo cada pasito de su crecimiento, sus primeras palabras, sus primeros pasos, sus juegos y su risa, he sufrido con sus pequeñas penitas, he sentido sus dolores y me he sorprendido con cada avance de su vida.

Hoy, ese pequeño bultito es una niña, de 1, 58 mt de estatura y 47 kg, de peso, le pesa la adolescencia inminente y a veces se confunde con ella misma, es una niña preciosa que aun llora calladita, se rie con fuerza y sus ojitos siguen brillando tan negros y grandes como siempre.

Nunca he celebrado el día de la madre, nunca le he comprado un regalo a mi madre (aunque reconozco que he atesorado con mucho amor cada collar de tallarines, tarjetitas, portarretratos, lapiceros, etc. que mi abejita me ha dado) y en este día de la madre mi homenaje es a mi hija, a ese pequeño ser que me convirtió en mamá y su presencia en mi vida solo me ha traído alegrías, gracias a ella soy cada día una mejor persona y porque siento que uno no le toma el real peso a su madre hasta que se convierte en una.

Días de invierno

Abril 25, 2008

El invierno se iniciaba justo el primer día que eran encendidas las chimeneas, nada de esperar solsticios ni términos científicos, el día que se terminaba de apilar la leña en la bodega y comenzaban los acarreos en grandes canastos instalados al lado de cada estufa de la casa verde, ese día comenzaba el invierno.

Creo que mi pasión por el fuego viene desde ahí, tardes enteras mirando el fuego, sentada a los pies de mi abuelo escuchando historias increíbles, bellas y fascinantes, ese hombre grande sentado en su sillón a la orilla de la chimenea y yo, pequeñísima sentada a sus pies admirándolo boquiabierta por sus épicas aventuras, aventuras de monstruos cordilleranos que solo el había podido sortear, de noches heladísimas en la cordillera, ruidos de ultratumba, de mujeres demoníacas que se subían al anca del caballo si no se tenía cuidado al pasar por un estrecho paso o de Tue tues invitados a algún asado nocturno. Siempre dio lo mismo si era cierto o no, yo siempre le creí.

El invierno pasaba lento pero calientito, días oscuros, lluvia sobre las tejas, impedida de salir al patio pasaba mis tardes ayudando a desgranar maíz en improvisadas tablas llenas de grapas, (mientras mis primos se golpeaban los dedos cada vez que lo intentaban, yo era la única que dominaba el arte de desgranar maíz a la perfección), cuidando a mi hermano chico, husmeando en la cocina las preparaciones invernales, rosquitas los días de lluvia o los miles de queques de miel y pastelitos que llenaban la casa de olores dulces, creando juegos con la mascota de turno, porque hasta la tortuga fue un elemento entretenido en invierno para mi desbordada imaginación infantil, entrar a hurtadillas en el escritorio de mi abuelo, lugar prohibido para todos pero con un free pass incondicional para mi o inventando mundos imposibles dentro del gran ropero café en el que podía pasar horas entre ropas y cosas guardadas.

Bastaba que alguien saliera al patio para salir tan rápido como podía, salir un rato a ver como caia la lluvia sobre la parra mientras la nana iba a recoger los huevos, las excusas sobraban y a pesar de la negativa de mi madre mi abuelo siempre me daba su permiso calladito, con los ojitos sonrientes.

Pero lo mejor del invierno era el fuego, fuego que mi abuelo no me permitía tocar, no podía poner ningún palo dentro de el, no tenía permitido echar ningún papel ni siquiera remover los carbones, solo podía mirarlo y no acercarme por ningún motivo, el único momento en que se sacaba la reja que protegía la chimenea era cuando mi abuelo estaba a mi lado y yo lo miraba como acomodaba los palos, hacía torres, ponía papeles y lo encendía, el fuego hacía figuras mientras se iban quemando de a poco cada uno de los palitos de la torre, todo se transformaba frente a mis ojos a pesar de la prohibición de acercarme demasiado.

Recuerdo ese invierno en especial, tal vez con un dejo de nostalgia, ese invierno que fue el primero en casa nueva, solo con mis padres y mi hermano, invierno que cada vez que podía me escapaba al lado de mi abuelo, ese invierno que cuando mi abuelo acomodaba el fuego y me acerqué a ocupar mi lugar de siempre, me pasó un pequeño y largo madero, estire mi mano nerviosa y el asintió con su cabeza. Fue la primera vez que me permitió participar de su fascinación.
En ese momento no me di cuenta, me sentía grande y tenía el permiso de mi abuelo para jugar junto a el en el fuego, hoy caminando con tanto frío en esta tarde con amenaza de lluvia me di cuenta que me echaba de menos, que nunca lo dijo pero al recordar sus ojitos verdes me di cuenta que mi abuelo extrañó mas que nadie mi partida.

Lunes

Abril 21, 2008

Otra vez suena el despertador, con su odioso sonido festivo, preferiría mil veces el “pi-pi-pi-pi-pi” clásico. Otra vez no puedo abrir los ojos y pienso en mil excusas para no ir a trabajar. Otra vez pongo 10 minutos mas e intento dormir con el dedo en botón de apagado para no escuchar el sonido nuevamente.

Han pasado 40 minutos desde que te has ido, 40 minutos en los que intento dormir pensando en si aun te duele la guata y viene esa retahíla de sueños incoherentes que me hacen sentir aliviada de despertar e intrigada de saber como terminaba tanta incoherencia.

Me levanto con sensación de culpa, “otra vez voy a llegar atrasada” pero se me olvida a los pocos segundos apenas me distraigo pensando en la joda que es tener el pelo largo y pienso en lo agradable que seria tenerlo muy corto pero que se viera tan bien como el largo o que sea largo y de el poco trabajo que da el corto, supongo que algún tipo de shampoo 4 en 1 pero efectivo seria lo ideal. uff, otra vez divagando conmigo misma, debo apurarme.

En tiempo record me visto, me peino, hago la cama y lavo los restos del día anterior, una mirada rápida y comienzo a ver lo que he olvidado, teléfono, cigarros, encendedor, pinche, espejo……. obviamente mas de algo quedó por ahí.
Tomo la cartera, recuerdo de improviso el reloj sobre el refrigerador y me voy sin desayunar.

Mientras bajo la escalera me doy cuenta que me duele un poco la cabeza – “debe ser el resfrío” – pienso, “comprare algún tapsin antes de ir a la oficina”
Salgo a la calle y veo el cielo algo nublado, mientras camino sin querer ver el reloj (como si el tiempo no avanzara cuando no se le mira) e intento ordenar bien mis sentimientos recientes, pienso “¿tendrán olor las nubes?”, comienzo a recordar la vez que subimos el cerro de Puente Negro con mi padre y las nubes estaban tan bajas que pasábamos a través de ellas, se sentía húmedo y con olores mezclados, ¿será ese el olor de las nubes? Y justo antes de responderme me distrae un auto tapado de avisos publicitarios y siento como la maldita publicidad se mete entremedio, pero de mala manera, como de pronto se mete alguien en la fila de un banco, así, haciéndome a un lado sin preguntar. Y arremeto: - “Oiga, estaba usando mi imaginación desde antes” – “Si, pero a mi se me ha ocurrido cubrir una auto con publicidad vistosa para arrancártela y hacer que te fijes en lo que quiero vender, así que te jodes y me prestas atención”

Sigo sin ver la hora y recuerdo que debo cargar la tarjeta al entrar al metro “tal vez no es tan tarde” pienso mientras camino sin mucha prisa hacia el anden.
Logro entrar apenas al ultimo carro y mientras veo las caras de amargura de muchos y el sol se cuela por la puerta al salir de la estación, pienso en los amaneceres de San Fernando, en los vidrios escarchados, en el frío matutino que hace sentir que estas vivo, en los perros somnolientos sin querer salir a saludar, en el sol pegando sobre el palto y en el vapor subiendo por las piedras. En el olor a tierra despertando.

Veo la hora sin querer en el reloj del pasajero de al lado, me preocupo por unos segundos y mientras bajo la escalera hacia la combinación línea 1 intento recordar una canción y solo logro recordar el coro, uggg, ni siquiera logro tararear el resto, recuerdo el nombre: Can’t forget de uno de mis grupos favoritos: Yo la tengo. Me sorprendo cantando en voz alta en el anden:
Maybe I know that
Maybe it’s better
But I can’t forget the time.

Espero que se haya arreglado el outlook, debo llamar a Carlos Valdivia, que desagradable me resulta a ratos ese personaje, pero tengo que arreglar algunas cosas con el, me carga tener cosas de trabajo metidas en la cabeza y una tristeza pequeñita llega a mi corazón ¿me estaré poniendo vieja?, una vez leí que cuando te pones viejo te aburres, al menos aun no me aburro con nada.

Me sorprendo mirando fijamente a los ojos a un pasajero joven, debe ser un universitario, me sorprendo mirándolo y no separo mi vista de la suya, el como desafiante tampoco deja de mirarme. Me acuerdo de tus ojitos y siento un hormigueo en la guata, como me gusta mirarte!! y se me escapa una sonrisa que es compartida con mi ocasional compañero de miradas.

Salgo del calor del metro y me sorprende una brisa muy fría, “debería haber traído una bufanda”, paso a comprar mi café latte de la mañana y mientras camino con los pies helados y veo las figuritas que se forman en la espuma me doy cuenta que lo que sentía era miedo, miedo de perderte, miedo de no poder abrazarte una vez mas.

Inventario de cumpleaños

Abril 8, 2008

Hoy estoy de precumpleaños (extraña costumbre de celebrar el cierre del año que se acaba o simplemente una excusa para celebrar dos veces) y a partir de ayer comencé una campaña de limpieza, de limpieza de mi misma intentando partir el nuevo año con el menor de trancas posibles.

Luego de una extensa y muy fructífera conversación precedida de un berrinche de aquellos (con razón, tal vez poco razonable pero con razón) decidí no enrollarme mas, aprender a disfrutar sin cuestionar tantas cosas.

Por eso, en este precumpleaños he decidido hacer un inventario, tantas cosas que he recibido, otras tantas regaladas y muchas que me faltan por dar.

Tengo:

- Una caja llena de risas de mi abejita, risitas que salen del corazón, risitas silenciosas (ella y su manía de reírse con los ojitos), risas bulliciosas, contagiosas pero siempre risas sinceras.

- Un par de miradas e orgullo de mi padre, miradas escasas y siempre entregadas en ocasiones especiales, solo un par he recibido y las atesoro cuidadosamente.

- Un frasco lleno de besitos de mi amorcito, los besitos mas dulces del mundo que nunca me cansare de recibir y guardar.

- Algunas satisfacciones de lograr hacerlo reír, y no una risita ligera si no una carcajada real nada de risas por complacencia, y no es fácil hacer reír a un hombre inteligente como el, he tenido que hurgar en mis neuronas para lograr un chiste inteligente y lo he logrado.

- Una cajita con las preguntas de mi hermanito, con cada llamada para aclarar dudas y que el supone que sus padres viejos serán incapaces de responder (su hermana también ha sido incapaz de responder mas de alguna).

- En un lugar de mi corazón tengo guardada la primera vez que mi abejita me dijo “mamá” y como suena en su boquita cada vez que lo dice.

- Al ladito de ese lugar tengo muy guardados los “te amo” de mi amorcito, los mas sinceros del mundo, escasos pero profundos.

- Tengo el amor de mi abuelo, las tardes de verano, el viento de otoño, la lluvia en la noche, inviernos abrazados, cada uno de los deditos de mi amor para entrelazarlos con minucioso cuidado mientras camino, tengo una personita impresionante que cada día se convierte en una mujercita preciosa y es mi hija…tengo las risas, el cariño y la capacidad de amar.

Me falta:

- Darme el tiempo suficiente para que Amanda sepa que es lo que mas quiero en este mundo, que nunca dude de mi amor por ella ni de la felicidad que solo ella trae a mi vida.

- Darle un abrazo a mi hermano y decirle lo orgullosa que me siento de el, cuanto admiro su tranquilidad infinita y su inteligencia graciosa.

- Decirle a mi cuñada que la quiero, que ella es la hermana que nunca tuve y que a pesar de las diferencias he aprendido a quererla con sinceridad.

- Regalonear mas a mi cosito, hacerle mas cariñito y demostrarle (con hechos) cuantas cosas mas puedo hacer.

- Decirle a mi hermanito chico que cada vez que lo miro me impresiona que este en este mundo, que me honra ser su hermanita.

- Me falta pedir disculpas, dejar las mañas y los contados berrinches, darme mas cuenta cuando paso a llevar a otras personas (aunque nunca es con mala intención), tener un poquito mas seguridad y no desquitarme con los demás, me falta ser menos antipática, arrogante y con complejo de imprescindible (cuesta pero estoy en eso).

- Me falta decir mas te quiero, me falta decirte que me haces feliz, me falta dar las gracias mas seguido.

A pesar de lo mucho que me falta, voy a seguir regalando sonrisas en el metro, darme los 5 minutos diarios para conversar con el conserje, saludar a quien se me cruce (aunque se me note lo provinciana), caminar parsimoniosamente (por lo provinciana también), pararme al lado del jazmín del cabo y acordarme del olor de la casa del lago, voy a intentar día a día ser mejor persona, tal vez ni una milésima parte de lo bueno que fue mi abuelo pero al menos con la tranquilidad que el daño que he hecho no ha sido intencional solo producto de mis imperfecciones.

Este año voy a abrir mas los ojos, voy a aprender mas y por supuesto a ser inmensamente feliz con todo lo que tengo.

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