Relatos y Alegrias Personales

Con napoleones y diablitos

Junio 6, 2008

Cuando llegué a Santiago, hace 2 años y medio, lo primero que hice fue comprar una tarjeta multivía, como si con eso podría conseguir un cupo en esta ciudad a la que tanto temía, como una especie de pase que me hiciera parte de todo esto. Algo que pudiera atenuar el miedo que Santiago me provocaba, algo que me hiciera “parte de” algo a que agarrarme cuando no quería estar acá, algo que me hiciera volver cuando huía.

Obviamente, la tarjeta estuvo apenas unos meses junto a mi (un real problema de retención de objetos me hizo olvidarla en algún lugar), pero fue mi primera sensación de pertenencia a este lugar.

Santiago me daba miedo, de todas las partes en las que he vivido, Santiago era el único, que como buena provinciana, del que renegaba. El alarmismo exagerado de mi padre -que no se hizo evidente ni siquiera cuando partí sola sin mas que mis conocimientos a terminar mis estudios a tierras lejanas o cuando a los apenas 17 años me mande cambiar al sur a estudiar por no querer venir a Santiago- junto con las noticias diarias (que al verlas pareciese que Santiago se desmorona de a poco y en cualquier momento cae sobre nuestras cabezas, je), me aterraban.
Pero, como siempre he sido, no mostré ni una gota de miedo, simplemente me vine, con el corazón desgarrado y sin saber mucho que hacía.

Llegué sin saber andar en micros, donde mi autonomía de vuelo estaba ligada al metro y mi micromundo se limitaba a las 25 cuadras de separación entre mi casa y mi trabajo, la gente no sonreía, no saludaba y ni siquiera miraba fijamente a los ojos, los puntos cardinales se revolvían entre ellos (no había rosa de los vientos ni brújula que pudiese contra esa desorientación máxima), “mira la cordillera”, me decían, pero la cordillera nunca estaba en el lugar correcto y en medio de edificios era lo que menos se veía. No sabía llegar a un lugar determinado, las cosas simplemente se aparecían ante mi, y nunca deje de mostrar mi asombro al toparme con la plaza de armas o con algún edificio determinado que cuando quería volver a el caprichosamente se enredaba entre las calles y no aparecía hasta que quería hacerlo.

Cada viernes, sagradamente arrancaba despavorida de acá, a refugiarme en lo conocido, junto a mis padres y los lunes en la mañana muy temprano volvía con el corazón en la mano, contando los días que debía dormir en Santiago.

Pero no me rendí, al par de meses viviendo acá decidí abrirle el corazón a este gigante que se veía tan malo, no tenia ninguna intención de ser “uno mas” y volverme hostil, estresada y pesimista, tampoco pretendía seguir lamentándome de lo malo que era santiago y de lo individualista de su gente, no señor, yo iba a lograr quererlo, aunque tuviese que abrir su corazón a punta de napoleones y diablitos, Santiago me iba a querer.

Y así empecé, a sonreír en el metro, a conversar con el pasajero de al lado (que aún me da risa la desconfianza con la que me miran), a saludar a toda la gente, a confiar en todos. A aventurarme por calles desconocidas, a confiar en el chofer de las micros y subirme en ellas para dar una vuelta y conocer.

2 años y medio y he aprendido a querer a este monstruito y viceversa, y aunque a veces tengo miedo, de todas formas me paseo por calles desconocidas con total naturalidad a cualquier hora, me río de lo catastrófico de las noticias, que, entre lluvias y transantiagos pareciese que el mundo se va a acabar.

Me gusta Santiago y no es por lo típico que dice todo provinciano no adaptado: “por la gran gama de actividad cultural”, puaj! No, a mi me gusta porque he logrado crear mi mundo acá sin tener que cambiar ni un solo ápice de mi ser, me gusta porque es el lugar que yo elegí y he aprendido a querer, me gusta porque soy feliz.

Hace unos días, justo en el momento previo a la lluvia, entre el trafico, el gris y el ruido de las construcciones (de esta ciudad que nunca esta terminada), Santiago me regaló una lluvia de hojitas amarillas, parecía como si de repente el mundo se detuviera y por algunos segundos solo la luz atravesaba las hojitas que dejaban ver la desnudez del árbol que las tenía puestas…¿Cómo no voy a querer esta ciudad?

Categoría: Sin categoría I

9 Comentarios »

  1. Comentario by pamela paul/ lita34 — Junio 6, 2008 (5:57 pm)

    Joyce, disculpa lo del mail, quedé con la bala pasada, pero bueno fue un error te pido mil perdones, un beso saludos a tu abejita!

  2. Comentario by humberto — Junio 9, 2008 (1:45 pm)

    Santiago ufff.
    Tambien me costó mucho adaptarme al modo de vida capitalino.
    Quiza no es para todos igual, quizás otros “provincianos”, desde el primer día, se sintieron como pez en el agua… yo nop.
    Pero pasado el tiempo, he encontrado muchas cosas buenas, y mal que mal, aca vivo, aca trabajo, y aunque no se si acá me quedaré, por el momento, trato de ser feliz a punta de napoleones y diablitos.

    Un besito

    Humberto

  3. Comentario by Macarena — Junio 10, 2008 (12:30 pm)

    Me gusta Stgo por la gran gama de actividad cultural..jajajaja nah. Sabes? también viví un tiempo en Stgo y al igual que tú me costó adaptarme, aunque viajaba seguido, vivir es algo muy diferente. Pateaba la perra por los tacos, el smog, las aglomeraciones, los nulos almuerzos en casa, la frialdad de la gente..etc. Después me acostumbré y le agarré el gustito, al fin y al cabo muy stgo será, pero siempre te mueves en un mismo ambiente..cuando ya estaba feliz me tocó partir, ahora viajo al menos dos veces al mes y tengo varios proyectos para instalarme definitivamente con hijo, camas y petacas, aunque al Benja lo tendré que sacar con grúa…veremos que pasa con eso, si no tendré que optar por conce, porque acá no me quedo nicag….
    beso

  4. Comentario by papelucho — Junio 11, 2008 (5:07 pm)

    Yo soy de aca acostumbrado a correr con la capital no se me fui unos dias al sur y muy relajado todo parece que a nosotros nos pasa al reves por lo menos a mi no me veria en otra parte que no fuera aca corriendo todo el dia y gruñiendo por los tacos el smog …y por supuesto la curtura ,,jajja
    cariños
    papelucho

  5. Comentario by wipina — Junio 13, 2008 (4:25 pm)

    Hola J… si !! yo tengo un blog más particular, que comparto con un grupo de amigos de la infancia, mucho más interactivo y casi familiar.
    Igual leo de vez en cuando a la Comunidad de las Letras .. que como dices tú, se ha diluido.
    Igual me gusta leerte siempre, mantienes tu “toque” especial de ver la vida y la comparto.
    Espero estés y estén bien.
    Escribeme a mi email para saber más de ti.
    Cariños, W

  6. Comentario by katta — Junio 24, 2008 (3:38 pm)

    gracias por tus palabras, sé que he hecho las cosas mal, pero tengo muchas ganas de arreglar mi vida, sé que estoy confundida.
    No quiero dañar a nadie.

  7. Comentario by Amparo — Julio 4, 2008 (11:37 am)

    Sólo pasé a saludar … Niña, y cuándo algún nuevo posteo?

    Un Abrazo
    Amparo

  8. Comentario by Alejandra — Julio 14, 2008 (7:30 pm)

    Jajajjaa y claro q borró tu comentario la sra. Carmen jajaja
    Saludos!

  9. Comentario by Joyce — Julio 15, 2008 (2:05 pm)

    Alejandra:

    Tambien borró el tuyo, jajajaja.

    Na, lo que pasa es que la Sra me tiene miedo, por eso me borra en vez de enfrentar.

    Saludos

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